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lunes, 19 de septiembre de 2016

Compañía incondicional.

Escrito por: Demian Guerrero.

Siempre estuviste ahí en los momentos más duros
En los que me preguntaba si en mi cayó un conjuro.
Siempre  estuviste ahí pese a toda adversidad,
pese a que mi vida se había vuelto una total calamidad.

Siempre estuviste ahí como la luz que se asoma
Que ilumina a esta estática y derrumbada Roma
Que reclama reciclada, desgastada y monocroma
Un aventurado misterioso que devino en un axioma.

Altero tosco o burlesco cierto sentido del discurso,
por disperso que pueda aparentar este cruento giro,
inconexo, diédrico, inexperto además de adverso es este desvarío,
experimental mas convenientemente amétrico han vuelto estos versos el curso... De lo que digo.


Siempre estuviste ahí como una fiel colega
Aunque de esas dejé de tener cuando me rajaron del laburo
Siempre estuviste ahí, cual alma que firme se entrega
A un amor que por situación económica nadie le vería futuro.

Siempre estuviste ahí en la enfermedad y la salud,
Aunque la peste que me agarré me tiene rozando el ataúd,
Y en estos días donde ya no espero más que muerte
Me pregunto, ¿no me habrás traído vos mala suerte?

domingo, 28 de junio de 2015

Amor moderno.

Amor moderno.

Escrito por: Demian Guerrero.

Nuestra pasión resulta pirotécnica,
nuestro interés mutuo es biológico,
nuestro amor tiene mucha técnica,
y por eso lo definimos como tecnológico.

Cuánta música hemos juntos disfrutado,
cuántas conversaciones sin inventos,
cuántas noches nos hemos desvelado,
porque con velas ya no cuento.

El profesor me reta en la escuela,
cuando te toco ilimitadamente,
pero siempre lo hago con cautela,
porque te recalentás rápidamente.

Aunque odio cuando empezás a apagarte,
nuestra relación es tan estelar,
que solo basta con enchufarte,
¡cómo te amo, cómo te amo celular!

lunes, 25 de mayo de 2015

Creación recíproca.

Creación recíproca.

Escrito por: Demian Guerrero.
Ilustrado por: Mena.

En ésta pasarela de parafraseo y mágicos adornos
muchos se han desnudado ante la presencia de los demás,
y éstos se han negando siempre a aceptar la gran belleza de aquellos,
porque querían seguir creyendo que el resto del mundo era un lindo lugar.
Veremos qué sucede.
Mis dedos se deslizan. Pulsan. Cada orgasmo llega a destino y ya te veo crecer.

Perdón por querer traerte hasta aquí, pero la soledad colmó mi paciencia.
No te sientas un mero objeto, no te moldaré como tal.
Comed y leed todos de él.
Irrumpiste en mi consciencia, la estigmatizaste en su interior,
interpretaste mis quimeras como jamás había idealizado,
y así, por esa absurda crueldad, me desvelé hasta no tener noción,
hasta no tener noción de cuando empezó el sueño, cuando cursé la realidad
ni de cuándo comencé esta escritura. Tu escritura.
Cuando mires a lo alto y distingas un cielo trasparente,
cuando mires más allá, y mis ojos ya se habrán abierto. Y te van a estar mirando.
Serás mi yo exterior (mi interior superficial).
Podrías ser todo lo que detesto o todo lo que anhelo,
lo que amo en una noche y me aburre al día siguiente, ¿Lo rechazas?
Te construí con mis costillas, y ahora te desarrollas a tu conveniencia.
Me convierto al final en un simple siervo. Un simple siervo de mi creación.
Cumplís mis más sublimes deseos, estás viajando en mis más profundas pesadillas,
y en melancolía me percato de que ambas cosas suelen ser lo mismo.
Ya a esta altura debería saberlo y localizar la piedra que nos hace tropezar siempre,
debería, antes de desarmarme y reconstruirme, recordar donde iba cada pieza,
recordar, claramente, donde encajaba mi corazón. Si es que tenía uno.
Sólo a espero que esa mano, la cual te injerte delicadamente, me levante.

Mis ojos no paran de brillar ante el colosal espectáculo.
Te veo saliendo de mi mente, y es una hermosa secuencia,
colores “fluor” que al entreverlos se mueven, se mezclan, se materializan
y al final se confunden con la niebla de tanta nostalgia e ideas olvidadas.
Lástima verte tan molesto. No me pidas que deje de escribirte.
Sé que sí hay bastantes en realidad ahí, delante mío, dispuestos a escucharme,
dispuestos a admirar esa gran belleza,
y contrastarla con el suplicio de su existir para hacerlo más apacible.
Pero entiendo, los personajes deben salir de la cabeza de un escritor,
porque su fuerza imparable no permite que se mantengan en cautiverio,
esos animales nómadas sólo esperan otras mentes en las cuales refugiarse,
y quién sabe cuando decidirán dejarla en libertad... Si es que lo deciden.

jueves, 26 de febrero de 2015

Carta del olvido.

Escrito por: Demian Guerrero.

Carta del olvido.



29 de Agosto, 2014. Capital Federal (Buenos Aires, Argentina).

Querida madre: Sé que ya pasó mucho tiempo de nuestro último encuentro, y juro que ni siquiera haciendo voluntad me podría acordar de hace cuanto tiempo no nos vemos. Esto directamente vinculado con mi alzheimer ya desarrollado.
Recuerdo cuando me agarró el alzheimer, por suerte me zafé enseguida. ¡Cómo pasa el tiempo! Ya pasaron 5 años de los acontecimientos de ese hecho, ¿o eran 55? Bueno, por ahí. Yo estaba junto a Juana, ¡qué muchacha esa! No importa qué tan grave sea mi enfermedad, puedo recordar perfectamente, como si lo estuviera viviendo, el momento en que estaba en su casa -Situado en un barrio del Conurubano, era un hogar humilde que albergaba a su familia, perteneciente a una clase muy baja, el lugar consistía de dos ambientes y adentro convivían como 9 personas, de 1 metro 30 cada una (era una clase muy baja)- y ahí la invité a salir... No me quedaba otra, ya me estaba asfixiando dentro.
Claro, lo que sucede es que en esa época (y ésto va para el examen) las casas estaban hechas de rocas, bueno... Por lo menos esa si lo estaba, ¡no, no! En realidad todas. Era un decreto de un presidente, no me acuerdo como se llamaba... Jul-Julio Argentino Roca, caso inusual porque él nació Octubre. Además, era también bailarín de ballet... Sí, Julio Roca. Entre otras curiosidades que te puedo contar está que él era un aficionado a una corriente musical: La sonata barroca (aunque él también se permitía disfrutar del Rock&Roll), y que murió por diabetes, el desdichado consumió en menos de dos horas 50 litros de una línea de gaseosas que él mismo había fundado: Roca-Cola.
Dado este hecho tan autoritario de obligar a las personas a construír a base de rocas, había muchos debates en línea por esa época, aunque albergaban personas bastante desalineadas, desde futbolistas con equipos sin alineación, mujeres que abusaban del delineador, hombres que tejían con lineros ¡Y se hablaban por “Line”! Pero bueno, yo siempre pensé que estaba bien porque, en el entorno de la Guerra Fría, las piedras sinceramente brindaban cierto calorcito. Y además jurídicamente hablando, estaba entre los marcos legales.
Y esto me lleva a lo que me trae a escribirte, para no descarrilarse del eje, yo me dirigía a... A... ¡Ah! Bueno, mirá viejo, la cosa es así, obtuve por fin mi ansiado título, aunque siempre los profesores decían que el diploma no lo necesitaba para probar nada, que ya nací para ser un indiscutible abogado, porque no gano en ninguna discusión. Y entre los promocionados hicimos una fiesta, pero, al salir de ahí, olvidé... Olvidé... ¿Qué olvidé? ¡Me olvidé! ¡ME OLVIDÉ!... Me olvidé completamente la ubicación de mi departamento. Por lo que necesito que la respuesta a esta carta sea inmediata, porque ando varado en la calle, y también por otra cuestión que estoy pasando por alto... Ahhh, y... ¡Ay! Ahí hay unas anotaciones que debo llevar urgentemente a la sala de cirugía para poder realizar una operación debidamente. ¿Te imaginás todo el embrollo que se formaría a partir de una mala praxis? ¡Una vez estuve en una de esas situaciones embarazosas con mi compañera, Stephanie Praxis! ¡Qué mala esta Praxis! Yo siempre le digo al bich— le digo el dicho, cuando falla, “¡la tercera es la vencida!”, e insiste en pasarme la tercer jeringa. Cargamos con seis muertos ya, y no le podemos echar la culpa eternamente al calentamiento global, ¡se van a dar cuenta! No hay con qué darle, ya es un problema de la educación que le fue proporcionada, teniendo en cuenta que viene de una familia de gente tan acomodada, ¡cómo me indigna esa gente! No hay muchas personas que se ganen mi odio, pero a ellos lo tengo entre ceja y ceja... Si tan solo pudiese acordarme de quienes son.


No quiero quitarte más tiempo. Querido Faustino, amigo, espero que te mejores, que puedas continuar con el amor de tu vida, y que tu esposa no se entere. Espero vernos pronto ¿Eh? Yo necesito seguir acomodando mis muebles y decorando la casa. ¡Un abrazo enorme, feliz navidad y un próspero año nuevo!

martes, 30 de diciembre de 2014

Tus ojos

Escrito por: Demian Guerrero

La mitad de su ciclo ella había superado,
y de alguna manera a esa altura quería
adquirir algo que de la rutina la sacaría,
por eso al bisturí se había entregado.

Mientras la cortaban, y el volumen de su torso le agrandaban,
pensamientos, metas, aficiones y deseos pasaban
por su cabeza,
quería volver a estar a merced de lo que años atrás estaba presa,
a merced de que la anehelen con fuerza, como a una fresa,
como a una condesa, una necesidad que no cesa,
esa necesidad que la deshuesa, la estaba aquejando, confiesa.

Pero al salir por la senda peatonal,
se percató de que algo andaba mal,
ningún cuello por ella se dobló,
hasta le recitaron un "gracias" y un "por favor".

En sus ojos -a los que ahora la veían-
unas lágrimas se le vieron fugarse,
después de haber pasado por una construcción,
sin que ningún obrero le gritase.

Cayó la noche y llegó el momento decisivo,
llegó la hora de subirse a un colectivo,
pero increíblemente volvió a su hogar,
como cualquier mujer quisiera viajar.

La noche con su marido fue peor,
encima había despertado su apetito,
con su soledad soportó que le diga:
"Lo hacemos, pero la remera no te quito".

Enhieló a su cónyuge con mucho asco,
con sus promesas él fue siempre un fiasco.

Nada se sabe de sus últimas horas,
pero cómo su vida acabó te lo cuento ahora:

En plena calle fue su defunción,
algunos solo disfrutaban la función,
su cuchillo ella clavó,
en donde nadie la miró.

Un buen hombre se detuvo sin reírse,
solo miraba el relleno escurrirse.
la mirada se había estancado, a ella le hacía bien,
pues estaban cortados, pero eran sus pechos también.

jueves, 6 de noviembre de 2014

El Paciente Italiano

Escrito por: Demian Guerrero.


Abro mis ojos. ¿Cuánto tiempo he dormido? No lo sé, fueron segundos que se prolongaron hasta ser eternos y difuminados, ¿habré dormido realmente? Veo el espejo, inmóvil frente a mi cama, recordaba tener uno más nuevo, pero es realmente muy antiguo, me reflejo de una forma extraña, y luego me percato de un detalle trivial, pero que de alguna manera me alarma: Está agrietado. Y siento, percibo, como si alguien gritara dentro de la chapa de bronce, me aturde y luego cesa. Eso no es lo único que me saca de mi eje, el teléfono suena, retumbando en mis oídos, ¿quién será a esta hora? Y por cierto ¿Qué hora es? No tengo ganas de contestar, pero no tuve más remedio, tenía que callar ese pitido insufrible. Lo más extraño viene ahora. Contesto y oigo, trato de agudizar mis oídos, son balbuceos. Ha de ser una broma. Cuelgo. Abro la puerta y prendo la encandilante luz de mi comedor, la luz no siempre es algo bueno. Actúo como si tuviese resaca, pero es imposible pues soy abstemio, aunque al abrir la heladera solo encuentro un vodka, una cerveza y un vino tinto por la mitad, todos los demás cerrados, y en el fondo, a lo lejos, un vaso de agua. Espero que esto no sea un mal presagio.

Supongo que solo eran recuerdos, puesto a que ya estoy aquí, en mi trabajo, mi camisa está planchada, nunca planché nada en mi vida, no me concentro en esos detalles. Noto que mis sentidos están normales nuevamente, escucho un auto cuyo arranque parece un terremoto aunque no logra aturdirme, lo escucho a lo lejos. Está bien. Soy psiquiatra, entro a mi oficina, veo una placa que dice “Veni, vidi, vinci”, la habré colgado yo, no sé en que estaba pensando. Me siento y pienso en todo, que debo un mes del alquiler, en mi enfermedad crónica, en que tuve que pagarle una infracción a un policía corrupto cuando yo no había hecho absolutamente nada, en que no registraron mi pago y fui prácticamente obligado a abonar dos veces la cuota en un mismo mes del servicio telefónico, en que el político que yo voté resultó ser un terrorista, pero también recuerdo cosas buenas, como que por ejemplo el esfuerzo por entrar en este hospital psiquiátrico tuvo frutos. La semana anterior llegó un nuevo interno que me encargaron, hoy será mi tercera sesión con él y no puedo dormir desde que la primera tuvo lugar. Es muy extraño, no sé si tengo miedo, intriga o incluso cariño. Me amenaza con que perderé mi empleo, y acusa a algunos doctores de ejercer abuso de su poder. Hoy intentaré aclarar todo, de un insano a otro.

Pasan los minutos, pasan las horas, pasan los años, y vuelvo al punto de partida. Alguien toca mi puerta. Abro. Pelo castaño, algunas canas asomadas, una barba que parece pedir a gritos ser emprolijada, anteojos cuadrados, no sé especificante cuantos tendrá pero no debe pasar de los 30 años, es Santiago Jaimes. Cuando ascendí, el jefe estaba entre él y yo, finalmente me escogió a mi, creo que desde ese día Santiago me mira con diferentes ojos, llenos de furia y envidia que mata. Me avisa que mi paciente ya está listo para la sesión, con ese tono siempre tan ambiguo, histérico y soberbio. Recuerdo la vez que me invitó a tomar unas copas y le dije que yo no tomo, creo que también se enojó por eso, no le hago caso, después de todo tengo que prepararme para lo que se viene. Camino por los angostos pasillos, oigo a los internos dormir, otros siguen despiertos, la mayoría siempre gritan como estúpidos hasta que vienen a sedarlos. Llego al cuarto de mi paciente, tiemblo y extiendo mi mano hasta llegar al picaporte, lo inclino y empujo la puerta, rechina infernalmente. Está un poco oscuro, pero se puede ver, sobre todo a él, a mi paciente, sentado y sin movilidad en las manos y piernas.

Me siento frente a él, siempre me recuerda que es de origen italiano, siempre, y mientras me lo repite por milésima vez me empiezo a sentir mal pues recuerdo los momentos del espejo cuando desperté y la oración en la placa. Me cuesta escucharlo con claridad ya que sus palabras son susurros, pero soy capaz de distinguir la mayoría de las cosas que me dice. Siempre con la cabeza gacha, me amenaza nuevamente sobre mi empleo, y luego acusa a Jaimes de pegarle y maltratarlo, de pronto se desvanece el tono del susurro, sus ojos son sinceros, atraen, todo se vuelve tenso ¿Me estará hipnotizando? Ya perdí conocimiento de donde estoy, solo sé que estoy con él y me está hablando, pide que lo ayude a escapar, porque Santiago lo amenazó de que lo matará esta noche. Me lo dijo en serio, yo lo sé, tengo que ayudarlo. El director de la institución no me cree, incluso tuve una discusión fuerte con Jaimes sobre el tema, no me desmintió nada en ningún momento. Recuerdo que le pregunté al paciente si tenía algo pensado, me dijo algo de códigos de personal, llaves y una salida secreta, había escuchado algo de eso antes pero supongo que lo olvidé forzosamente tratando de negarme a mí mismo que estoy trabajando en un lugar salido de un cuento retorcido. También recuerdo el túnel, el putrefacto y asfixiante túnel, lo peor fue el saber que su recorrido era en vano, en el final solo nos esperaba una caída de incontables metros, es un edificio alto, vi su cuello quebrarse, creo que incluso lo sentí…


Definitivamente solo lo creí, estoy acá, sentado a oscuras, tomando un vino en una casa que hace instantes no conocía. Terminé aquí porque el jefe se enteró de los últimos hechos, me despidió y me dijo que si tenía dos dedos de frente le vaya a avisar a los familiares del difunto la noticia, creo que fue idea de Santiago puesto a que llegué a ver como se estaba riendo. Estoy bebiendo alcohol obligado por una pistola y la persona que la empuña, debe saber que soy abstemio y que solo un vaso me haría mal, prendió la luz y mi vista se hizo mierda, aunque eso no impidió a que fuera ágil y acertara un reverso a mi casual secuestrador. Era mi paciente. Con un revólver en una mano y un cuchillo en la otra. El arma cayó en el impacto, pero la amenazadora navaja sigue siendo sostenida con firmeza. Corro borracho en la casa, tambaleante y débil, veo a lo lejos una foto suya con alguien: Pelo castaño, algunas canas asomadas, una barba que parece pedir a gritos ser emprolijada, anteojos cuadrados, no debe pasar de los 30 años... Mi atención estaba tan centrada en este obvio giro que, antes de que mi vida terminase, casi no me percaté del cuchillo que ya había entrado en mi estómago, como un verdugo silencioso. Caigo sobre un espejo bastante nuevo, le hago una grieta, grito pero nadie parece escucharme. Como mi última voluntad, me levanto y me acerco un teléfono que localicé a mi alcance, llamo al primer número que encuentro en la guía, pero estoy como dopado y ninguna palabra sale claramente de mi boca. Desde el otro lado, me cuelgan.